Alfonso Casas: “Amores minúsculos’ es una invitación a ver lo bonito de lo pequeño”

jun 11, 2012 No Comments by

El retratista del desamor refleja amaneceres y ocasos sentimentales en su primera novela gráfica.

Alfonso Casas (Zaragoza; 1981) tiene miedo a no verse reflejado en estas líneas. Tiene miedo a una reacción similar a la que experimentamos cuando nos vemos en televisión, cuando oímos nuestra voz en una grabadora. Está acostumbrado a definirse él mismo a través de sus dibujos. Lleva varios años haciéndolo muy bien en su blog, un compendio de iconografía pop, poesía y desengaños amorosos que toman forma en los trazos de sus viñetas. En los últimos meses lo ha tenido un poco abandonado. Casas ha cambiado la blogosfera por las tapas duras de un libro, Amores minúsculos, que ensalza la belleza de las pequeñas relaciones en detrimento del amor con mayúsculas. Es su primer proyecto en solitario en el mundo editorial. Pero a juzgar por sus ganas y por la buena acogida, no será el último.

Esta es la primera vez que te atreves con una novela gráfica tú solo, ¿ha sido muy diferente la experiencia de la que viviste con tu primera aventura editorial, Marica tú?

Sí, ha sido bastante diferente. El anterior proyecto me lo ofrecieron, pero estaba ya montado. El editor y el guionista estaban moviendo la idea y buscaron el perfil de un dibujante que les viniera bien. Yo aporté todo lo que pude y fue una escuela de aprendizaje muy buena. Aprendí muchísimo, Julián [Almazán, autor de Marica tú] fue un compañero superbueno, porque era su idea, pero estaba abierto a sugerencias. En cualquier caso, no dejaba de ser una idea suya que yo tenía que transformar en dibujo. En Amores minúsculos es darlo todo. Si gusta es mi trabajo, si no gusta no me puedo respaldar en nadie. Es gratificante, pero da vértigo. Es como entregar una parte tuya.

El anterior libro trataba sobre las decepciones amorosas. Amores minúsculos es una oda a las relaciones pasajeras. ¿Ha muerto el amor? ¿te has resignado a no encontrarlo?

No es un cómic que hable sobre la resignación de no encontrar el amor perfecto, es un homenaje al resto de amores, que están muy denostados en la literatura o en el cine. Siempre se tiende a tratar el amor como algo a lo que llegar. Sin embargo, los amores minúsculos son lo que te lleva a ese gran amor. Quería tratar el amor no como un fin, sino como un medio. Esas pequeñas relaciones nos pueden dar lo mismo: esos nervios, esas noches sin dormir. En el fondo lo describe mi amigo Evripidis en el prólogo del cómic: te van a dar lo mismo pero condensado. Es una invitación a ver lo bonito de lo pequeño.

Uno de los personajes de Amores minúsculos experimenta una vorágine creativa precisamente a raíz de un desengaño, ¿son las experiencias dolorosas las que explotan tu lado más creativo?

No sé como funcionará el resto de la gente, yo personalmente dibujo más cuando estoy en ese estado. En ese aspecto sí me parezco más a este personaje, cuando más creativo estoy es en el periodo de un desengaño. Cuando estoy feliz hago muchas cosas, me voy de terrazas, me tomo una caña… igual si tengo tiempo, pero es menos espontáneo. Cuando estoy deprimido entro en un periodo de introspección y soy más creativo. Le doy más vueltas a las cosas y dibujo. Me sale más barato que un psicólogo, lo vomito todo en el papel.

Tus viñetas tienen mucho de personal, ¿hasta qué punto vuelcas tus experiencias en el papel?

El cómic no está basado en cosas que me hayan pasado. Sí que tiene pequeños apuntes de personas que conozco, o míos propios, pero todas las historias son inventadas. En cuanto a las ilustraciones, sí que es verdad que me expongo un poco, pero es de manera inconsciente. Lo que pasa es que dibujo para mí. De hecho, a veces me sorprende cuando me escribe alguien desde Colombia diciendo que se siente muy identificado con mis dibujos. Resulta que no somos tan diferentes: a mí me han dejado, como al 90% de la gente.

Me siento un poco expuesto, pero no me importa. Como lo hago un poco para mí no soy consciente de la dimensión que puede llegar a tener. Sí me extraña cuando a veces, después de colgar un dibujo, me llaman mis amigos y me preguntan si estoy bien. O parejas que he tenido, que les llaman amigos y les dicen “¿Has visto lo que ha colgado Alfonso?¿estáis bien?” (risas) Me expongo, pero no es tan literal como a algunas personas les puede parecer. Es mi manera de expresarme. 

También has dibujado para El País y para marcas como Vodafone.  ¿El proceso creativo en este tipo de encargos es diferente?

Completamente. He tenido mucha suerte porque hasta ahora los encargos que me han llegado han sido buscando mi rollo. Tampoco es que yo sea un dibujante excepcional, sé lo que sé y si me sacan de ahí, poco puedo hacer. Normalmente los trabajos de freelance quieren algo concreto y tú te tienes que adaptar. Pero en mi caso ha sido más porque mi estilo personal les encajaba.

He leído que estás trabajando en unas camisetas para Inditex…

Es un trabajo de diseño, no tiene nada que ver con mi parte personal, como Alfonso Casas. Es el trabajo que me da de comer porque desgraciadamente el cómic no da para tanto, eso sería un triunfo. Pero sigue siendo dibujar y estoy muy contento porque es lo que más me gusta. Soy consciente de que tener un trabajo en estos tiempos es un lujo y ya si está relacionado con lo tuyo ni te digo.

Ibas para profesor, ahora eres novelista gráfico. ¿Te atreves a aventurar qué estarás haciendo dentro de cinco o diez años?

No lo sé. Estudié magisterio porque siempre pensé que sería muy difícil ganarse la vida dibujando, que era lo que a mi me gustaba. Pero he visto que sí que se puede si buscas un poco tu camino. De todas formas, estudié magisterio porque los niños me gustan mucho y me parece una profesión muy valiosa. Y sobre mi futuro… a veces, cuando paseo por Barcelona, por el Barrio de Gracia, veo a la gente en sus pequeños estudios y me monto mi propia película. Desayunan en el bar de al lado, leyendo el periódico, venden sus productos artesanos, llevan una vida supertranquila y llegan a final de mes. Desde la perspectiva más positiva, mi futuro lo veo así: haciendo mis cosas y esperando que haya la gente suficiente a la que le gusten para poder vivir de ello.

Has dado el salto con Amores minúsculos, pero te defiendes muy bien con la inmediatez de una viñeta. ¿Hacia allá vamos, hacia mensajes de 140 caracteres como en Twitter? ¿Hacia una viñeta que resuma toda una historia? ¿Dónde te sientes más cómodo, desarrollando una historia o captando un momento de la misma?

Amores minúsculos me ha interesado mucho como proyecto porque siempre he querido desarrollar una historia completa en formato cómic, pudiendo innovar pero siempre con viñeta cerrada. Pero es verdad que lo que a mí me sale son ilustraciones con un mensaje. No soy de dibujar si no tengo nada que decir, si dibujo es porque quiero contar algo. Me interesaba probar el lenguaje del cómic, que me parece muy bueno para contar una historia. Está muy denostado porque la gente tiene prejuicios, pero tiene lo mejor del cine en cuanto a planos y lo mejor de la literatura porque sus herramientas se pueden aplicar muy bien en el cómic.

Pero lo que a mí me sale son las cosas más cortas, que se plasman en un papel, se retocan y hasta que no las lee otra persona no se acaba el recorrido. Aún así, me gustaría seguir investigando el lenguaje del cómic, es amplísimo, y creo que puede llegar a fusionarse con las viñetas que hago en mi blog. No está tan alejado lo uno de lo otro

Los dibujos de Amores minúsculos son distintos a los realizados para las viñetas de tu blog, pero sí tienen algo en común con los de Marica tú. Esta diferencia de estilo, ¿es algo buscado premeditadamente o lo pide la historia?

Principalmente es la diferencia entre plantearte una ilustración o 150 páginas. Es imposible que tengan el mismo nivel de detalle, yo soy muy meticuloso y no acabaría nunca así que tienes que buscar una forma de sintetizar. Sigue siendo tu estilo, la anatomía es parecida, los detalles buscan la misma sensación, pero tienes que simplificar si quieres seguir avanzando. Una ilustración puede llevar un día. Si hiciera los cómics con ese nivel de detalle, se pasarían los plazos de entrega de la editorial más comprensiva del mundo. Por eso los dibujos están más relacionados con mi anterior proyecto de cómic que con las viñetas de mi blog. Lo que sí intenté es que fuera mejor que el anterior, buscar algo más de detalle, evolucionar. Si hice un cómic hace dos años y hago otro ahora que gráficamente es peor es que algo no ha funcionado. Pero no ha sido el caso, estoy muy satisfecho y creo que he dado un paso adelante.

Has vuelto a actualizar tu blog después de un tiempo de parón por la novela, ¿para cuándo unas vacaciones?

Si estuviera de vacaciones también estaría dibujando. Mi trabajo de nueve a siete es dibujar, cuando llego a casa sigo dibujando o pensando en dibujos. De hecho, creo que si tuviera vacaciones actualizaría mucho más el bog.

Lo que parece no arrancar es la web del Señor Miedo, un personaje que aparece en tus viñetas y que repite en Amores minúsculos...

Sí, es un proyecto que tengo desde hace mucho tiempo, pero siempre pienso que es un proyecto que quiero sacar cuando esté completamente convencido. Igual podría haber aprovechado el lanzamiento del cómic, como tenía un poco más de repercusión… Pero bueno, es una cosa que va mutando con el tiempo, es muy orgánico. Tengo ideas preparadas desde hace años, pero ahora las veo y quiero darles una vuelta, pienso que podría ofrecer algo mejor, quiero que sea perfecto. Pero sí que me gustaría que fuera este año y dar salida a las cositas que tengo, porque es un personaje al que tengo un cariño especial y que interesa a la gente.

Te pasó algo parecido con Amores minúsculos. Le diste mil vueltas a la historia, retomaste y reciclaste el argumento varias veces. ¿Es algo que te sucede a menudo? ¿Cómo es el proceso de creación de una historia?

Yo creo que tengo un defecto: a los dos minutos de hacer una ilustración pienso que podría haberla hecho mejor. Y cuando tengo ideas y proyectos más a largo plazo puedo caer en el bucle de estar constantemente retocando. Recuerdo el proceso de creación de las primeras páginas de Amores Minúsculos. Las rehíce como seis o siete veces, hasta que alguien me dijo: “Alfonso, por favor, avanza.”

La idea inicial es otra historia. A lo mejor un día estoy en la cama y me viene una idea, y me pongo nervioso porque me tengo que levantar y escribirla antes de que se me vaya. Es el germen de una historia. Después escuchas una canción y piensas que se parece o que trata el mismo tema, o estás viendo una película y hay una escena que te la recuerda, y la idea va creciendo. Yo tenía una serie de ideas inconexas y la historia se fue creando poco a poco sola, de manera natural. Pero lo peor es la parte final. Recuerdo los últimos meses de Amores minúsculos como los más estresantes. Siempre pienso que es la última vez. Mi compañero de piso me lo dice: “Te vuelves loco, no vuelvas a hacerlo.” Y esa convicción me dura dos días, porque vuelve a aparecer el germen de una idea, me vuelvo a levantar de la cama a escribirlo y vuelve a empezar el ciclo.

Hay otro personaje que parece haber desaparecido, ¿quién es, y qué fue del Hombre sin Alma? Llevas más de un año sin actualizar su web, ¿encontró su alma quizá?

El Hombre sin Alma es otro de esos personajes que me muero por que la gente conozca. A veces estoy demasiado encerrado en mi propia cabeza y pienso que a la gente le gustaría y quizá no sea así… La historia del Hombre sin Alma empezó como te comentaba, me surgió la idea sobre qué pasaría si un hombre no tuviese alma, cómo se diferenciaría del resto, si la gente notaría que le falta. Empecé a pensar en esos pequeños detalles y a partir de ahí empecé a pensar en cómo perdió su alma. Presenté la historia a un concurso y solo tenía que hacer tres páginas, y como no gané y empezaron a surgir nuevos proyectos… Pero si tuviera tiempo me encantaría contar a la gente qué pasó con él, porque, aunque no la he dibujado, toda la historia está en mi cabeza, vino un día y sigue por ahí dando vueltas, rebotando. Es una mezcla entre el cuento infantil, lo absurdo llevado a lo cotidiano. Su alma salió de su cuerpo, se convirtió en su amiga, se reían… y un día su alma se fue con otra persona, le abandonó. Ese es el motivo por el que el hombre sin alma va siempre muy arreglado. Por si un día se encuentra con su alma por la calle, con la esperanza de que lo vea guapo y vuelva a su lado.

Ocaso

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