El ‘zapatófono’ y la tecnología efímera
Los aparatos tecnológicos aumentan su presencia en el día a día, aunque su vida es cada vez más corta.
Taccc, taccc, tacc, tacc, tacc. Cliiing. El sonido de los teclados de las primeras máquinas de escribir resonaba en las oficinas acompañados del cliiing que se escuchaba al pasar de línea. Del fuerte taccc pasaron al suave tac tac de los modelos eléctricos y después al sonido aún más suave de los teclados de ordenador. Ahora, quienes teclean en un teclado táctil de una tableta ni siquiera emiten sonidos. Menos ruido, menos tamaño y todo a una velocidad de vértigo. Los nuevos gadgets remplazan a los anteriores cada vez en un menor lapso de tiempo. Un ocaso de teléfonos, reproductores de música u ordenadores que acaban con el desarrollo de otro aparato que cubre, o quizá crea, las necesidades de una sociedad 2.0.
¿Quién se imagina hoy ir a una oficina sin Internet, sin ordenadores o impresoras? ¿O salir de casa sin teléfono móvil, sin reproductor MP3 o incluso, en muchos casos, sin lector de e-books? La tecnología ha pasado de ser una herramienta en el mundo laboral a estar plenamente integrada en la vida cotidiana desde el ocio hasta las comunicaciones. “Hace una generación, la tecnología era algo que formaba parte del escenario del trabajo, cargada de atributos racionales (megabytes, megahertzios) y muy utilitaria”, señala Antonio Ortiz, director de estrategia de weblogs y autor del blog tecnológico Error500. “Ahora la tecnología ha conquistado esferas de lo personal. Es el modo en que los ciudadanos se comunican con la gente que le interesa, la forma en que ejercen su libertad de expresión, la vía para informarse, el instrumento para expresar la creatividad… a eso hay que sumar que se ha cargado de atributos más emocionales, como el diseño y, hasta cierto punto, eso que se ha venido a llamar ‘la experiencia de usuario”.
Eso sí, la tecnología se ha incorporado a la vida, pero casi antes de que uno se acostumbre a un aparato ya ha nacido otro que lo sustituye. Atrás quedó el tiempo en el que los cacharros duraban toda una vida. Ya no se compran televisiones que duren 20 años o magnetófonos que acompañen a uno durante toda una etapa de su vida. Atrás quedó, por lo menos para muchos, el busca, el beeper, el walkman o incluso el discman.
Los ‘smartphones’, a la conquista del mundo
Desde que Graham Bell inventó el teléfono, las líneas fijas se han ido extendiendo por el mundo desarrollado manteniendo su hegemonía hasta que el móvil acabó superando al maestro. En España, los móviles hace tiempo que dejaron de ser ese zapatófono con el que Mortadelo y Filemón se comunicaban con el Super para contar con casi 60 millones líneas en marzo de 2012, según datos de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Del casi indestructible Alcatel One Touch Easy se ha pasado a los smartphones, teléfonos inteligentes con conexión a Internet y multitud de aplicaciones, que en España rondan ya los 10 millones de unidades, según datos de la consultora ComScore.
En los últimos dos años, Samsung ha lanzado tres versiones de su modelo de teléfono móvil Galaxy S. Desde que en mayo de 2010, la compañía coreana lanzara el primer Galaxy S, ha desarrollado dos versiones más hasta lanzar hace poco menos de un mes el Galaxy S3. Precisamente, es el último aparato que ha probado Ortiz, que señala que es “curioso” cómo la electrónica se nos ha colado en el terreno de “lo imprescindible”.
“El iPhone la verdad es que se ha convertido en mi despertador, mi cámara de fotos, mi lector de feeds y mi herramienta más poderosa de comunicación y trabajo, a veces hasta el punto de tener que obligarme a dejar de mirarlo cada cierto tiempo para comprobar mis cuentas sociales o mi correo”, apunta David Rodríguez, responsable de contenidos para el área de juegos de Campus Party. Una revolución tecnológica en el mundo de los teléfonos móviles, en la que Apple se ha convertido en una de las piezas clave con su iPhone, aunque esta es otra historia y necesitaría por lo menos otra media docena de artículos para poder contarla.
La tecnología evoluciona y la sociedad se adapta a ella. “Todas las sociedades a lo largo de la historia han estado determinadas por el escenario tecnológico en el que les ha tocado vivir, y esta no es una excepción. El ritmo de desarrollo y evolución de la tecnología se ha hecho mucho más rápido, pero seguimos teniendo los mismos procesos de adopción y unos porcentajes de penetración en diferentes segmentos de la población muy parecidos a los que hemos tenido siempre”, señala Enrique Dans, experto en tecnología y profesor de Sistemas de Información en IE Business School desde 1990.
Ordenadores a la última
La informática es, quizá, otro de los campos donde los aparatos cada vez evolucionan a una mayor velocidad. No solo en lo laboral, sino los destinados a usarse en (casi) cualquier esfera de la vida. Incluso los que menos adaptados tecnológicamente están acaban por utilizarla y engancharse a ella. Ana García tiene 26 años trabaja en una consultora de asuntos culturales en y aunque asegura que nunca ha sido una gran amante de las tecnologías, ya considera su portátil como algo imprescindible en su vida. No solo para el trabajo, sino también para comunicarse con Skype, conectarse a Facebook o escuchar música en Spotify.
Al preguntarle a Dans por su primer aparato tecnológico asegura que si nos referimos a ordenadores fue un ZX81 de Sinclair que tenía 1K de memoria. “Después de ese ya vino un clónico de IBM PC que ya era otra cosa”, añade. Para Rodríguez, su primer recuerdo tecnológico también está relacionado con los ordenadores. “El primero al que le di uso consciente fue un “ordenador” Spectrum ZX +2 que llevaba el lector de cassetes incorporado. Antes había rodado por casa una copia de la Atari de cartuchos que también me dio muy buenos ratos”, señala.
Ordenadores, impresoras, sistemas para almacenar información… Aparatos físicos que van evolucionando rompiendo fronteras que muchos visionarios ni siquiera se hubieran imaginado. Los ordenadores han pasado de ocupar una habitación a convertirse en un netbook de menos de un kilo. Hemos ido de los disquetes en los que apenas cabían unos pocos documentos, a los USB y los discos duro externos que pueden tener más capacidad de almacenamiento que el propio ordenador.
Pero no sólo los aparatos evolucionan, también lo hacen los servicios. El Messenger, un servicio de mensajería instantánea, que vivió su época dorada a finales de los 90 y los primeros años del siglo XXI, ahora sido desplazado por el Skype, que permite realizar videoconferencias de manera gratuita. Del correo de Hotmail hemos pasado al Gmail, el servicio de correo electrónico de Google que batió récords de capacidad. Ahora, guardamos nuestros documentos en una “nube” y mantenemos el contacto con “amigos” a través de redes sociales. De los SMS hemos pasado a charlar en directo a través de aplicaciones móviles como el Whatsapp.
Y es que con la velocidad a la que se desarrollan las nuevas aplicaciones o aparatos, ninguna compañía puede sentirse a salvo de ser relegada al cajón de los cacharros viejos. A pesar de que Facebook acaba de salir a Bolsa, batiendo un récord de recaudación ($16.000 millones) en su primer día en Wall Street (aunque poco después empezó su caída en el mercado), muchos hablan ya de su fin. Algo que parece impensable, pero que podría ocurrir porque ¿quién sigue utilizando hoy el Messenger? ¿Quién sigue charlando por los chats del IRC? ¿Quién continúa escuchando música en un walkman? No es descartable, a este paso, que los aparatos de hoy terminen en ese cajón donde dejamos arrinconado el zapatófono de Mortadelo.


















[...] del avance tecnológico que estaba preparando, y que ha publicado hoy bajo el título “El zapatófono y la tecnología efímera“. En el reportaje cita también a Antonio Ortiz y a David [...]