Las tres ‘is’ de los festivales veraniegos
España vive una eclosión de festivales que sigue la fórmula: pop indie y presencia de grupos internacionales. Muchos de ellos aprovechan la pérdida de identidad del pionero FIB para aumentar sus visitas
Miles de jóvenes con las manos en alto. Hace calor y el sol, que todavía luce cuando empiezan los primeros conciertos, acrecienta el olor a sal, a tierra, a cerveza. Ellas llevan camiseta de tirantes y bikini bajo la ropa. Ellos gafas de sol y gorro de paja, ambos una pulsera de tela en la muñeca. Esta imagen podría ser de Benicàssim, pero también de Santander, del Monte Igueldo en San Sebastián, de Murcia o de la sierra de Huelva. De cualquiera de los más de 20 festivales que desde mayo y hasta el próximo mes de septiembre recorrerán la geografía española con una oferta que aúna sol, buen rollo y música independiente.
El germen de esta combinación de éxito se remonta a noviembre del año 1994. Joako Azpeleta, Luis Calvo y los hermanos Miguel y José Luis Morán deciden crear el Festival Independiente de Benicàssim (FIB), un festival inspirado en los que ya existían en otros países europeos como Alemania o Reino Unido con el único criterio de traer y condensar a grupos afines a sus gustos. “En España fuimos los primeros en crear una cultura de festival porque hasta entonces eran con invitación o se celebraban en cinco o seis locales distintos”, recuerda José Luis Morán. La ya desparecida Sala Maravillas y las oficinas de la revista Spiral sirvieron de laboratorio de ideas de este proyecto que finalmente nació el 4 de agosto de 1995 y al que acudieron 8.000 personas, una cifra inferior a la que habían previsto sus creadores que en esa primera edición perdieron cerca de 15 millones de pesetas (más de 90.000 euros).
Satisfechos a pesar de las pérdidas, “las vacaciones musicales” ideadas por Azpeleta, Calvo y los hermanos Morán volvieron a Benicàssim un año más tarde con un cartel en el que destacaban The Chemical Brothers, Garbage y el grupo británico The Stone Roses. Esta última banda actuará de nuevo este verano en el FIB -que en 2006 sustituyó la I de independiente por la de internacional- y en otros 12 festivales de toda Europa.
Al igual que The Stone Roses, Anni B Sweet también recorrerá distintos festivales este verano. La cantante malagueña, por ejemplo, presentará su segundo álbum Oh Monsters en el Arenal Sound (Burriana, Castellón); Low Cost (Benidorm, Alicante); Pulpop (Roquetas de Mar, Almería) y Mirador Pop (Baluarte de la Candelaria, Cádiz).

La proliferación de un modelo cortado por el mismo patrón hace que muchos grupos se repitan en los carteles de varios de estos festivales. Entre estos repetidores destacan Niños Mutantes, Klaus and Kinski, We are Standard, El columpio asesino y Corizonas, que forma parte de la programación de hasta ocho festivales.
Aunque el año pasado el de Benicàssim volvió a ser el más multitudinario con 200.000 asistentes, la britanización del evento que en la pasada edición contó con un 60% de público extranjero, según los organizadores, y sobre todo la entrada en el cartel de nombres como el de Julieta Venegas en 2011, o el del dj francés David Guetta este año ha provocado críticas contra la nueva dirección del evento. Orgullosos pero cansados, José Luis y Miguel Morán dejaron el FIB en 2009 en manos del promotor y empresario Vince Power. “El mejor de los sueños”, así es como José Luis Morán define el festival del que logro desvincularse el año pasado. “En 2011 decidí por primera vez no asistir en 16 ediciones y fue como un corte emocional. Aunque antes añoraba algunas cosas o notaba un ligero cosquilleo cuando se acercaban las fechas…ahora ya no siento nada”.
El desencanto de quienes no se perdían una edición del FIB ante la entrada de artistas que rompen la esencia alternativa ha contribuido al éxito de otros festivales que en tan solo un par de años han superado la barrera de los 40.000 asistentes. Es el caso del Low Cost (45.000 asistentes el año pasado) o del Arenal Sound (160.000), el festival que desde hace tres años se celebra diez días mas tarde y a apenas 30 kilómetros de distancia de Benicàssim.
Los recortes de financiación pública y el abandono de patrocinadores a causa de la crisis se ha llevado por delante a alguno de estos eventos como el Ecopop o el PlastidePOP y ha aplazado la celebración de otros como el South Pop de Sevilla, que se ha convertido en una cita bianual. También han surgido, sin embargo, otros nuevos como el Mancha Pop o el Dcode que se estrenaron el año pasado en Toledo y Madrid, respectivamente, o el portAmérica gallego, que nace con la filosofía de unir los dos lados del Atlántico y que este año contará con las actuaciones de Love of Lesbian, Depedro y Vetusta Morla, entre otros
Un brote continuo que propone una programación de música alternativa condensada en varios días y que, pese a su definición de independiente, atrae a un público masivo. El año pasado, más de 800.000 personas asistieron a alguno de los festivales de pop indie que se celebraron en España.
El precio de los abonos, que rondan de media los 65 euros, es uno de los reclamos de este tipo de eventos. Pablo Navarro, valenciano de 27 años, destaca el coste como una de las ventajas de los festivales.“Este año fui al SOS porque era muy barato. Compré el abono por 40 euros incluso antes de saber el cartel completo, ya que el precio sube a medida que se van confirmando los grupos”, argumenta. “Murcia me pilla cerca, al ser en mayo el calor no es agobiante y aunque este año no hubo una programación muy buena es un festival que mola”, explica Navarro que ha repetido varias veces la experiencia desde que fuera por primera vez en 2010 atraído por la actuación de la banda escocesa Franz Ferdinand.
José Luis Morán rechaza que se trate de una moda: “Cuando algo tiene éxito [en referencia al FIB] es normal que surjan imitaciones que reproducen el modelo. No creo que sea una tendencia pasajera y además crear un festival tiene una gran parte vocacional”. No obstante, el cofundador del festival de Benicàssim considera que el mercado acabará por hacer una selección natural en el que solo sobrevivirán algunos y señala que 15 años más tarde los festivales nacionales no han evolucionado y mantienen la misma fórmula. “Creo que hace falta más creatividad y ofrecer una experiencia global más allá de la vivencia de un clima de celebración y de la música”.














