Lo ‘Queer’ se pasa de moda

jun 29, 2012 No Comments by

Pese a la adquisición de derechos políticos y sociales, el movimiento gay está perdiendo parte de la identidad 40 años después de su nacimiento

El 29 de marzo de 2009 la primera librería gay del mundo echó el cierre. The Oscar Wilde Bookshop  había abierto sus puertas 40 años atrás en el Greenwich Village neoyorkino. En aquel momento, al otro lado del país, el político Harvey Milk empezaba a dar forma a un discurso revolucionario: demandaba derechos civiles a los homosexuales. Nueva York, más centrado en las tendencias que en la política, daba forma a otro discurso, más artístico que político, más filosófico que reivindicativo: la Cultura Queer. Cuatro décadas después las consignas de Milk han sido adoptadas por partidos mayoritarios en el mundo occidental, incluso consagradas en leyes en muchos de ellos. Sin embargo la llamada Cultura Queer - la tendencia artística, filosófica y literaria asociada a este movimiento social- languidece y se diluye, si es que alguna vez existió.

“Hacia allá vamos” comenta lacónica la dependienta de la librería Berkana, en Madrid. “Lo que pasa es que aquí nos llega con años de retraso”. La clientela pulula entre tratados de filosofía homosexual, novelas eróticas y revistas Underground. Algunas visitas, pocas ventas. Este fue el motivo por el que la pionera de las librerías homosexuales españolas, fundada en 1993, trasladara su sede hace un par de años a un local más pequeño, en la misma calle del madrileño barrio de Chueca. “No nos podemos quejar”, comentan con resignación; “muchas otras han cerrado. Bilbao, Barcelona, Sevilla…” La crisis del papel no solo afecta a los periódicos y sino que parece haber sido muy relevante en la crisis de estas pequeñas librerías especializadas, pero se intuye algo más. “Antes esto era un lugar de encuentro”, recuerdan desde Berkana; “ahora con Internet, las redes sociales y los bares ha perdido fuelle”. Lo cierto es que Berkana ha sido toda una institución. En la planta de arriba de su anterior local había semanalmente actos culturales y presentaciones de libros con invitados de la talla del escritor Eduardo Mendicuti o el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska. Su pasado ha sido brillante, su futuro tiene un tono más oscuro.
Pablo Peinado es el presidente de la Asociación Cultural Visible, una ONG que lucha por la visibilidad de la cultura homosexual. Está ultimando los detalles para la que será la tercera edición de su festival, que se celebra coincidiendo con las fiestas del Orgullo Gay, y confiesa estar un poco estresado, pero habla con calma. Mastica las palabras con parsimonia, como si tuviera todo el tiempo del mundo: “En un contexto eurocéntrico la normalización está matando al movimiento. Hasta los primeros años del siglo XXI la gente estaba más concienciada en cuanto a la persecución de derechos, pero una vez que se han conseguido es cierto que se ha producido cierta desmovilización”. Una de las principales vías para concienciar estas reivindicaciones ha sido y es el arte, y la falta de movilización se acaba notando. Peinado en cambio cree que este es el momento de reivindicar esa identidad, de hacer “lo que no se ha hecho hasta ahora”. Su festival es una buena manera de conseguirlo, pero confiesa que la crisis les ha obligado a reducirlo y no hay garantías de que en 2013 haya una nueva edición. En estos días, está repitiendo una y otra vez la misma proclama:“Arte gay busca casa”. Este es el nombre del documental con el que quieren dar a conocer su historia, la historia de una colección de arte, la Colección Visible, formada por más de 1.000 obras de temática homosexual. En estos momentos están en negociaciones con el Ayuntamiento de Madrid pero Peinado no parece muy optimista al respecto.
Artistas como Slava Mogutin o Bruce Labruce siguen teniendo una prolífica carrera bajo la etiqueta gay, pero son las excepciones. Según Peinado, se debe a que muchos artistas se alejan de la vieja etiqueta: “Se han asimilado (en la Cultura Mainstream) y no se venden como gays. Es un error, porque nos expone más a cualquier cambio político, al carecer de interlocutores validos en ese caso”. Otros artistas más comerciales se han colocado una falsa etiqueta gay deliberadamente para asegurarse un público fiel, una estrategia de marketing especialmente usada en el mundo de la música (y de forma especialmente descarada en el de los reality shows musicales).
Esta normalización, sin embargo, alcanza todos los niveles. Marcos tiene 29 años, es homosexual y hace varios meses que no sale por Chueca. No necesita pasear por el barrio gay de Madrid para sentirse a gusto del brazo de su novio. Tampoco ha tenido problemas para encontrar ligues de una noche fuera del ambiente cuando ha estado soltero. Luís, de 26 años, tampoco suele frecuentar el ambiente. Él encuentra a sus ligues por Internet. Ambos coinciden en destacar que la aceptación de la homosexualidad y el auge de las redes sociales han restado importancia a las zonas de ambiente. Marcos habla del “final del gueto” pero no tiene claras las consecuencias que ello acarrea.Ya no hay la misma sensación gregaria, de comunidad que comparte una estética, unos gustos musicales o unos valores. Cada persona, homosexual o heterosexual, es diferente.
Pero las similitudes de este primer grupo parecen diluirse a medida que se alcanza la normalización y reducirse a lo más básico, a las cuestiones sexuales. Cada vez son más los homosexuales que dicen no sentirse identificados con la estética y cultura asociada al mundo homosexual, una tendencia silenciosa que apenas tiene reflejo en el mundo de la sociología. Ernesto Meccia, sociólogo argentino especializado en homosexualidad, habla en su libro Los últimos homosexuales (Gran Aldea Ediciones, 2011) de la desaparición de los homosexuales y el auge de la cultura gay. En este tratado Meccia denuncia la astucia de los agentes comerciales que han metido sus manos en el mundo gay. En Ética Marica (Ediciones Egales,2007)el ensayo póstumo de Paco Vidarte, se denuncia la domesticación del colectivo homosexual que ha perdido sus proclamas y visiones propias por la opresión de los partidos políticos, los medios y el mercado. Estos son dos de los pocos tratados que hay al respecto en español. La mayoría son en inglés, pero, como dicen en Berkana, “hacia allá vamos, lo que pasa es que aquí nos llega con años de retraso”.
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